A puuuuuuuunto de llegar el bus del Real Madrid al Santiago Bernabéu. El Santiago Bernabéu está listo. Av. Apoquindo 4800, Torre 2, piso 21, Las Condes, Santiago – Chile. Con la situación enquistada, en el mes de agosto el conjunto lisboeta se desplazó a Mozambique para disputar un torneo internacional junto al Racing de Buenos Aires y al Sporting de Portugal, mientras Eusébio se quedaba en la capital lusa preparándose en solitario en Das Antas, tras haber obtenido permiso para ejercitarse en las instalaciones del club. Para forzar la negociación contó con la ayuda desinteresada del abogado lisboeta y amigo personal del jugador, doctor Silva Resende, redactor del diario A Bola, que desde hacía tiempo encabezaba una campaña para acabar con la inicua situación del fútbol profesional portugués, donde los clubes tenían la sartén por el mango haciendo y deshaciendo a su antojo. El partido, que enfrentó al cuadro lisboeta contra una selección de la UEFA, atrajo a una pléyade de estrellas: Cruyff, Džajić, Hurst, Bobby Moore, Uwe Seeler, además de contar con una nutrida representación española: Iríbar, Suárez, Pirri, Gallego, Rodilla y Gárate, quien anotaría uno de los goles del combinado europeo, entrenado por Kubala, que terminó sucumbiendo por 3-2 ante los locales.
El encuentro fue un remedo del choque entre portugueses e ingleses dos años antes en el Mundial, un partido vibrante con alternativas en el juego y elementos reconocibles en el guión: con Stiles persiguiendo a Eusébio por todo el campo y Bobby Charlton al frente de la sala de máquinas del conjunto rival. Los Leones fueron superiores a Las Águilas, logrando la victoria por 4-1 con tantos de Dinis, Nélson y Chico Faria (2), anotando Eusébio el único gol benfiquista desde el punto de penalti. Refería que había sido el único jugador del juvenil a quien se le pagaba: “cien escudos por cada gol que marcaba”, y recordaba cómo, tras ser rechazado por el Desportivo, no había tenido más que saltar el muro que separaba el campo de éstos del terreno de juego sportinguista, situados uno al lado del otro, donde le habían recibido con los brazos abiertos. La entrada en los años setenta supuso para Eusébio tener que amoldarse a una nueva posición y funciones sobre el terreno de juego, aunque su estilo seguiría siendo característico. El Benfica iniciaría la nueva década estrenando entrenador, el inglés Jimmy Hagan, y dando minutos a una serie de jóvenes futbolistas de enorme calidad, especialmente delanteros, jugadores como Matine, Artur Jorge, Nené, Vitor Batista, que parecían garantizar la renovación de un equipo veterano en demasía, donde todavía figuraban nombres de la vieja guardia como el central Humberto, los centrocampistas Graça o Simões (que había retrasado su posición), y los delanteros Torres y, por supuesto, Eusébio.
Pero, como venía sucediendo reiteradamente, el cuadro luso no dio la talla en Europa. El cuadro luso empató con los anfitriones en el partido inaugural (1-1), para después caer con el Santos (4-2), igualar con River (3-3), y perder de nuevo, ya sin Eusébio, ante el Nacional (2-1). El mozambiqueño debió ser sustituido en todos los choques salvo uno, frente a River, precisamente en el que anotó su única diana en el torneo. Durante la siguiente pretemporada el cuadro luso realizó su habitual gira por todo el mundo, incluido sus territorios de ultramar (en Mozambique se impondría 2-0 sobre el América de Río de Janeiro), no siendo todo lo satisfactoria que se esperaba. Recordaría con posterioridad que había perdido la cuenta de las veces que tuvo que jugar lesionado durante su carrera. El mozambiqueño pretendía mejorar considerablemente sus emolumentos, que resultaban ridículos para un jugador de su categoría (durante los últimos tres años había percibido 1.600.000 escudos, unos tres millones y medio de pesetas) y se negaba a aceptar la oferta presentada por la entidad.
Sin embargo, las excesivas pretensiones del club luso, más de cuatro millones de escudos y el sueldo del jugador aparte, echaron para atrás al equipo sudamericano. Finalmente, regresaría al Benfica para dirigir la escuela de fútbol infantil y juvenil, además de actuar como relaciones públicas de la entidad, “acompañando al equipo en sus desplazamientos al extranjero y oficiando como embajador plenipotenciario y extraordinario del club lisboeta”, como señalaba Juan Antonio Calvo en las páginas de El Mundo Deportivo en abril de 1980. Con posterioridad, compatibilizaría dichas funciones con otras similares para la Federación Portuguesa de Fútbol. El colofón a su trayectoria como jugador lo pondría Eusébio en el fútbol sala norteamericano, en la Major Indoor Soccer League 1979-80, donde aún jugaría cinco partidos en las filas de los Buffalo Stallions, lastrado por las lesiones, y anotaría el último tanto de su prolífica carrera. Artur Jorge volvió a encabezar la tabla de goleadores ligueros con 27 dianas, alcanzando Eusébio la nada despreciable cifra de 18 partiendo desde segunda línea.

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Barcelona como manager-aún no poseía la licencia de entrenador, la Federación se negaba a tramitarla sin aprobar los cursos pertinentes pese a la experiencia de Johan en la liga holandesa- y lo primero que hizo es dar una rueda de prensa donde dejó claras varias cosas: la primera, el tópico, es decir, “No prometo títulos, sino espectáculo, mi reto es ver el Camp Nou lleno y no vacío, como este año”; la segunda, una profecía que se acabaría cumpliendo: “Tengo la intención de marcar una época excepcional en este gran club que, como digo, es mi casa” y la tercera, un recado para los jugadores: “El presidente es el que paga y quien no esté de acuerdo con él ya se puede ir yendo”. Al día siguiente se pudo leer en la prensa neerlandesa que parecía que ya todo estaba bien con Cruyff, excepto el número 14 en su espalda.

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