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Llegó en 2011, precisamente, directo al Juvenil A. Hizo goles allá donde jugó, primero en el Madrid C, después en el Castilla. Todo lo contrario. Ha sido la última piedra de un proyecto que empezó, precisamente, ante el Real Madrid y también en Champions League, pero hace ocho temporadas. El triunfo de Francia en la última Copa del Mundo le dio nuevamente más peso, aunque no necesariamente mayor valor, al juego directo, de estrategia y físico, por encima del Fútbol Total de una Holanda que no logró clasificar al torneo en Rusia. Y esta vez, 24 años después de ese último título europeo, el Ajax ha vuelto a regalar al mundo un equipo joven, de promedio de edad de 23,9 años y que, pese a perder el boleto a la final en el último suspiro, ha dado esperanzas a aquellos que, como Cruyff, siempre apostaron por el fútbol formativo, generoso y creativo, en contraposición del modelo de los millones y la inflación en el valor de los futbolistas en el mercado de fichajes.

En Holanda la llamaron la ‘Revolución del Terciopelo’, y no era otra cosa que volver a los orígenes: el fútbol como epicentro de las etapas formativas, añadiendo esta vez, la participación de viejas glorias del club. La final se ponía de cara bien pronto para el campeón neerlandés, que sin embargo tuvo que esperar hasta el minuto 87 para sentenciar la misma. Es el gran precursor y eterno responsable, aun descansando en paz, de que el Ajax, su Ajax, esté de regreso a lo más alto del fútbol europeo, pese a que la final de la Champions League se le escapó en el último minuto de un duelo épico ante el Tottenham. La victoria en el Vicente Calderón por 1-0, con gol de Irureta, no sería suficiente, aunque los rojiblancos madrileños aguantaron en el Olímpico de Amsterdam con la eliminatoria igualada hasta el minuto 80. Los neerlandeses se habían adelantado a los 8 minutos con un gol de Keizer. El próximo 1 de junio se disputará la final de la Champions League 2018-19 en el Wanda Metropolitano, y se cumplirán exactamente 50 años de la final entre el Milan y el Ajax también en Madrid, aunque en el Bernabéu. Y más allá de las mil y un historias relacionadas a las noches, el romanticismo también se expresa, aunque lejos del centro de la ciudad, casi en la última parada del metro que conduce a un lugar sagrado: el estadio del Ajax, donde yace un busto y una imagen gigante de, quizás, equipacion ajax el mayor exponente de aquello que trasciende generaciones y que cada 20 años se las arregla para volver: Johan Cruyff.

Le siguió después de aquella triple corona un largo silencio de 22 años, en los que el Ajax, como hasta hace poco, prácticamente desapareció. Un camino largo que solo enalteció más la campaña del equipo holandés, que pese a ser semifinalista, por increíble que suene, tendrá que arrancar la próxima edición del torneo europeo también desde la ronda previa. A Holanda se la ha considerado a lo largo de la historia como imprescindible para reinventar la manera de ver, entender y jugar el fútbol, pero no para ganar. Los ‘milenials’ aficionados al fútbol, y los no tan ‘milenials’, han oído hablar maravillas del Ajax de los 70, del Ajax de Cruyff, y, por ende, de la ‘naranja mecánica’ holandesa sucampeona del mundo en 1974 y 1978. No sólo es cierto lo que han escuchado. Tims, que explica la creación del Club de los Pioneros en 2013: «Agrupa a los equipos más antiguos del mundo. Tenemos ya 25 miembros. El Recreativo de Huelva fue uno de los primeros integrantes y tiene un lugar especial. Tenemos buena relación con ellos». Panenka Peter Bosz, el técnico que llevó al Ajax a la final de la Europa League en 2017, 22 años después de su última definición a nivel europeo.

En 2010, España venció en la final precisamente a la ‘Naranja Mecánica’ practicando un fútbol que el propio Cruyff había llevado al Barcelona en los años 70. Un club azulgrana, además, que tuvo en el Dream Team de Cruyff a su ‘Big bang’ y en Guardiola a su último gran ‘heredero’. El ‘Plan Cruyff’ empezó a ver sus frutos un año después de la muerte del mítico dorsal ’14’, cuando el ‘Baby Ajax’ de Bosz, un equipo con 21 años como media de edad, alcanzó la mencionada final de la Europa League, cayendo ante el Manchester United. A Ámsterdam se la asocia, y con mucha razón, como una de esas ciudades que no duerme. No, desde luego, en haber perdido la final ni haber quedado eliminado, sino que los resultados no interfieran en un estilo que no se negocia: juntarse alrededor del balón, pendientes de la relación espacio-tiempo. R. Desde luego, no ha sido el del Chelsea. Sus futbolistas, siguiendo una línea cronológica desde aquellos campos de tierra en los que se jugaron los primeros rudimentarios partidos de football (aún en su nombre inglés) hasta la actualidad, han ido escribiendo con los pies el relato de un club que nació como ‘Sociedad de juegos de Sport’ y cuyo nombre ahora es conocido hasta en el más recóndito lugar del planeta.